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EL MAESTRO Y EL APRENDIZ


EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO

Introducción al discipulado

Marcos 16
15Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

Mateo 28
19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” He aquí una orden olvidada, una demanda que se ha dejado de lado, que es la más  importante para la vida cristiana, hablamos de “la enseñanza”, de la instrucción doctrinal y rudimentaria en todas las áreas de la vida cristiana.

Hoy en día es lamentable ver que la Iglesia haya dejado de predicar el Evangelio, para dedicarse al montaje de escenarios con sus shows musicales y abominables espectáculos con lo que pretenden ganar adeptos a su religión de entretenimientos. La mayoría de las demoninaciones solo proponen la música, las coreografías y cualquier payasada como estrategias de atracción, luego inventan sanaciones, y predicas que hablan de prosperidad y autoestima, y utilizando la sicología y las ciencias conductistas apelan a la parte emocional de las personas, las hacen llorar y luego les hacen hacer de forma general esa mentirosa y antibíblica “oración de fe” y les engañan diciendo que ya son todos “salvos siempre salvos”. Y al final los predicadores solo recogen el dinero mendigado y se van abandonando a las personas. Y las personas pasan a formar parte de una congregación en la que nunca se las discipula, sino solamente le ofrecen un show de fin de semana con música, danzas, luego una simple predicación que no habla de nada, luego la mendicación de dinero para un ministro que no trabaja y no hace nada por la Iglesia y hasta el otro fin de semana, y así es la trágica vida de una persona que se hace llamar cristiana, pero que de Cristo y de sus enseñanzas no sabe nada. Y lo peor de todo esto, es que muchos cristianos piensan que eso está bien, que esa es la forma para ir al cielo, que así debe hacerse y lo proponen como plataforma olvidando el ejemplo del Señor Jesús y de todo lo que se expone en las Escrituras.

Esta meditación es una exhortación para la Iglesia, un llamado al arrepentimiento en su manera de obrar, para que dejen de engañar y se vuelvan al modelo bíblico, al modelo de Jesús y sus apóstoles.
La Iglesia no debe nunca olvidar que la Obra primordial de Cristo Jesús es la predicación del Evangelio más el discipulado con el Evangelio. El discipulado es una formación necesaria, que tiene que aplicarse a toda las personas que entran a formar parte de la Iglesia.

La Iglesia no solo tiene que predicar sino que también tiene que discipular. Cada nueva criatura que nace en Cristo Jesús debe ser alimentada de la leche Espiritual para que por ella crezca para alcanzar la salvación (1 Pe 2:2), cada nuevo integrante de la familia de Dios tiene que ser discipulada, tiene que ser instruido en la totalidad de las Escrituras, no basta con predicarle un par de horas, hay que hacerle un profundo seguimiento, enseñándole todas las cosas que ha predicado el Señor Jesús, para que pueda vivir una vida en santidad, de eso se trata el Evangelio.

Es mediante el discipulado que se mantiene vigente el Reino de Dios en el mundo, por la cual se mantiene la Iglesia como fuente principal y soporte para los nuevos hermanos que necesitan ser edificados.

Podríamos considerar analógicamente que la Iglesia es el edificio de Dios (1 Co 3:9) y los discípulos los “albañiles y constructores” (1 Co 3:10) y el Espíritu Santo, es decir el Señor Jesucristo es el arquitecto, el ingeniero, el jefe que dirige la Obra de Dios (Jn 5:17).
Ahora bien, el Señor y dueño de la Obra ha encargado que la Iglesia se edificada Espiritualmente. Pero ¿Qué pasaría si en el edificio no hay albañiles?, o ¿Qué pasaría si los albañiles cesaran sus tareas y se dedicaran a tocar instrumentos, a cantar y hacer fiestas, danza, shows, payasadas? ¿Qué piensan que haría el dueño de la obra si viniendo no hallara el edificio, no hallara paredes ni techo, solo materiales sin uso? ¿Qué haría con esos albañiles? ¿Qué pasaría con la Iglesia si no hay discipulado?

Es lamentable que la Iglesia de hoy entre tantos errores cometidos, el más grave de todo sea el haber dejado de lado tan grande mandamiento que es el motor de la preparación de obreros para la mies (Mt 9:37), para la edificación Espiritual de la Iglesia y para la expansión del Reino de Dios (Mt 10:7-11; Mr 16:15).

La Iglesia ha olvidado que el discipulado es en definitiva el “corazón” y el “sistema nervioso” del control del Cuerpo que es la Iglesia y que el Señor Jesucristo es la Cabeza, la máxima autoridad en la Iglesia (Ef 4:15).

Es realmente triste y angustioso ver que hoy en día “el discipulado” se ha convertido en una tarea optativa, una alternativa secundaria, o adicional para el cristiano, y lo peor es que el discipulado actual carece totalmente de sana doctrina y está muy por fuera de las Escritura y de la ley Espiritual.
La enseñanza cristiana de hoy está manipulada por todo un sistema religioso que mediante sus instituciones (escuelas, universidades, seminarios, congresos, etc.) controlan a los cristianos intelectualmente insertándoles metódica y sutilmente doctrinas humanas por encima de las verdades bíblicas, por esta razón la mayoría de los que salen de estas instituciones están llenos de doctrinas preconcebidas (tales como el unitarismo, trinitarismo, dualismo, calvinismo, arminianismo, tribulacionismo, pretribulacionismo, postribulacionismo y todas formas religiosas terminadas con ismo, etc) que solo son doctrinas divisorias, doctrinas fraudulentas impuestas intelectualmente, para que los cristianos se conviertan en filósofos o teólogos de estrategas que solo se la pasan inventando palabras y cosas con cierto sustento bíblico, estimando que tienen derecho o autoridad por el simple hecho de recibir un papel firmado por una institución puramente humana y diabólica que los avalan a tener dominio intelectual sobre los demás.

Es realmente canalla que las instituciones religiosas evangélicas monopolicen y vendan las enseñanzas, obligando a las personas a pagar altas cuotas y tributos económicos por un papel con el que intentan categorizar humanamente a hombres necios e indoctos de las Escrituras con el “título de ministro, pastor, profeta, apóstol, escatólogo, phd, seminarista, conferencista, etc.. ”; Es realmente vergonzoso que para trabajar en la congregación una persona tenga que pagar por instrucción religiosa que para peor no son bíblicas y así disponerlas intelectualmente sobre las demás sin importar los requisitos y las exigencias que según las Escritura debe tener cada obrero de acuerdo al servicio a prestar.
El objetivo de esta meditación es rescatar por lo menos los valores más importante de un discipulado y despertar a celo a que la Iglesia retome tan grande e importante ministerio como es el discipulado y escape de las estructuras religiosas totalmente erráticas (de-ambulantes)  llenas de fábulas y doctrinas preconcebidas que solo se interponen y detienen el crecimiento Espiritual de los cristianos de la Iglesia.

¿Qué es el discipulado?

Al margen del significado y del hecho de que el discipulado se considere como la instrucción y la enseñanza que un aprendiz recibe de su maestro, en realidad el discipulado es un “proceso” en el tiempo en el que una persona (el aprendiz) asimila, practica y perfecciona las enseñanzas de su (maestro) y que el objetivo del mismo es hacer del aprendiz uno similar a su maestro.
En un sentido Espiritual, el discipulado es el proceso con el cual se convierte, se clona, se imprime la totalidad de las enseñanzas del Gran Maestro y Señor Jesucristo sobre el cristiano. A esto se refiere el Señor mismo y Pablo:

Mateo 10
25Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?

Efesios 4
13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

1 Corintios 2
15En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Para que al final nuestra boca confiese:

Galatas 2
20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Lo primero por destacar del discipulado, es que el mismo no consiste en hacer discípulos de hombres o de instituciones religiosas, sino de Cristo. Esto contradice la postura de las religiones y de los actuales ministros puestos que tales no son formados por Cristo Jesús, sino que están avalado o acreditados por escuelas humanas.
A su vez el discipulado en Cristo Jesús no consiste en hacer de una persona un maestro bíblico sino un maestro del bien.

Otra característica importante del discipulado, es que el mismo no opera para la gloria o engrandecimiento de los hombres sino para la gloria del Señor Jesús.
En el discipulado no hay créditos para el hombre, no está permitida la fama, ni la popularidad, tampoco está permitido el dominio intelectual, ni el enriquecimiento.

El discipulado está basado en la sencillez, la humildad y la discreción (Pr 2:10-12; 11:2; 29:23).

¿Por qué el discipulado?

El discipulado desde la antigüedad ha consistido en la transmisión de enseñanzas, rudimentos, prácticas, costumbres, tradiciones de generación en generación. Podemos leer en el Antiguo Testamento que la transmisión de la ley se hacía mediante el discipulado (Dt 4:9)

El Señor Jesús también aplicó el discipulado como medio de formación y no lo hizo por capricho, pues sabemos que el Señor Jesús no hizo según su voluntad sino según la Voluntad del Padre (Jn 5:30), así que el “modo” es por la Voluntad del Padre, y es también la manera que había sido anticipada proféticamente:

Isaias 55
4He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones.

Isaias 8
16Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.

Obviamente el discipulado tiene dos partes que interactúan en todo tiempo: El Maestro y el discípulo.

EL MAESTRO

El vocablo “Maestro” traducido del griego (didaskalov, “didaskalos”, [1170] maestro, (de didaskw, “didasko", [1171] enseñar), es la que se usa en los Evangelios para calificar al Señor Jesús como instructor de doctrinas (Mt 8:19; Mc 4:38; Lc 3:12).
En casos particulares, la mayoría de los traductores de las Escrituras, como ser en Jn 1:38 mantuvieron la raíz hebrea-aramea “Rabí”, en vez de traducir “maestro”; Rabí era un término galileo arameo derivado de “Raboni” como en Jn 20:16 (aunque actualmente hay discrepancia con el origen del mismo).

Los discípulos de Jesús se encargaron de escribir la vida y el propósito de Jesús, como también las enseñanzas necesarias para todo cristiano.
Reconociendo quien es Jesús y entendiendo cual fue su propósito entenderemos el nuestro, porque debemos tener el mismo sentir en cuanto humillación y entrega.

Filipenses 2
5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,

No se debe nunca olvidar que el Maestro en el discipulado de la Iglesia es el Señor Jesucristo, no los hombres sino para siempre el Señor Jesucristo. A pesar de no tenerlo físicamente el Maestro está presente en Espíritu siempre enseñando y recordando todas las cosas.

Juan 14
26Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Mateo 28
20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Y es también quien nos usa:

Lucas 12
12porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.

El Señor Jesús es el Maestro no porque otros lo hayan dicho o reconocido como tal, sino que Jesucristo mismo da testimonio de serlo (Mt 23:8):

Juan 13
13Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.

Y aún Dios ha dado testimonio de Él

Marcos 9
7Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.

En tiempos de Jesús, había una modalidad a modo de tradición y costumbre en el pueblo judío, que aquellos que fuesen instruidos en la ley dada a Moisés llegasen a ser maestros, escribas, intérpretes y doctores de dicha ley con el fin de ser aptos para juzgar a la sociedad en sus conductas, costumbres y disciplinas.
Un buen maestro era reconocido primeramente por sus enseñanzas y su sabiduría para resolver casos a veces extraordinarios que ocurrían en la sociedad judía. Un maestro en tiempo de Jesús estaba muy ligado a la religión judía, debía tener reconocimiento del sanedrín (tribunal religioso) que lo habilitaba para enseñar en las sinagogas.
Ser un maestro era quizás el cargo más alto que podía aspirar un judío como instructor de la sociedad.

Obviamente no había un maestro sin aprendices. Se sabe que en la sociedad judía se instruían a los niños desde temprana edad pasando por diferente etapas de aprendizaje, cuando se era un adolescente se le instruía más severamente y también se le enseñaba un oficio artesanal que entre los judíos los más básicos eran la carpintería (Mt 13:55), hacer tiendas (Hch 18:3), alfarería, artesanía en general, producir miel, aceites, perfumes, etc, y como último recurso se aprendía de manera general ser pastor de ovejas. Consideramos que el Señor Jesucristo en su etapa adolescente aparte de aprender el oficio de carpintero (Mt 13:55) debía haber pastoreado ovejas de otra manera no estaría familiarizado con el servicio (Jn 10:11).
Posteriormente un joven buscaba como referente un maestro a quien seguir, pero para ser aceptado como aprendiz debía pasar ciertas pruebas o cumplir ciertos requisitos según lo imponía cada maestro, es decir que en el mayor de los casos ser discípulo de un maestro reconocido automáticamente recategorizaba a sus seguidores. Por ejemplo se sabe que Saulo o Pablo era discípulo sentado a los pies de Gamaliel (Hch 22:3; 5:34) un fariseo liberal, principal del sanedrín y reconocido por el pueblo y que era posiblemente de la escuela de Hillel, obviamente posteriormente lo tuvo por basura para seguir al Verdadero Maestro, al Señor Jesucristo (Flp 3:8).

Ya en el tiempo de Jesús muchos esperaban expectantes al Mesías y se levantaron hombres tanto dentro como fuera de la religión judía que en muchos casos también fueron reconocidos como “maestros” del vulgo.

En las Escritura podemos ver a Juan el bautista que también tenía discípulos (Jn 3:25; 4:1; Mt 11:2).

Entre todos los maestros de aquel tiempo, se levantó el mejor Maestro de todos los tiempos, el Señor Jesucristo del linaje de David, de la ciudad de Belén que había de ser conocido como nazareno. Jesucristo no fue solamente un maestro doctrinal sino que primeramente fue un hombre que practico y vivió según la ley sin tener pecados y sin pecar (Jn 8:46; 2 Co 5:21; 1 Pe 2:22)

Hechos 1
1En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,

He aquí la primera “regla básica” para el discipulado: Primero hacer (practicar), luego enseñar

También las Escrituras reflejan como el Señor Jesucristo siendo hombre fue perfeccionado en obediencia.

Hebreos 5
7Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

Por lo tanto el Señor Jesús no es solamente el Maestro, es también el “Camino”, el modelo patrón, debemos seguir sus pasos, sus maneras, su comportamiento, su amor, su disposición, sus enseñanzas, de esto se trata el discipulado.

Entre algunas características daremos un reflejo de su actitud como Maestro:

Isaías 42
1He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. 2No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. 3No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. 4No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.

Su Obra y Su Autoridad

Juan 5
19Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. 20Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. 21Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. 22Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
24De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. 25De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. 26Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; 27y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.

Al margen de lo que los judíos estimaban, el Señor Jesús no es un maestro según las tradiciones y costumbres de los hombres sino según el Espíritu

Mateo 9
11Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?

Las demandas del Maestro son:

1 Pedro 1
16porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

Mateo 5
48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Además: Aunque sea un poco extraño (a diferencia de lo que se considera del maestro según el mundo), el Señor Jesucristo no vino a ser servido sino a servir, y es por tanto otra “regla básica” del discipulado:

Todo discípulo es formado e instruido para servir no para dominar.

Juan 13
13Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

Mateo 20
25Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Si bien por el Espíritu el Señor dispuso para la edificación Espiritual de la Iglesia “maestros” (Ef 4:9; 1 Co 12:1) esto no implica que los hombres habrán de adjudicarse el “título de maestro”, o imponerse intelectualmente sobre los demás hermanos sino a disposición de los mismos.

Mateo 23
8Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. 9Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. 10Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. 11El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

Un verdadero “maestro” no está en las instituciones religiosas, un verdadero maestro no lucra con las enseñanzas, un verdadero maestro no se hace llamar “maestro”, “ministro”, “pastor”, o tantos nombres y títulos que hoy en día utilizan los religiosos (conferencista, congresista, escatólogo, dinosauriologo bíblico, arqueólogo bíblico, ultradispensacionalista, etc) esos no son maestros según el Espíritu sino solo “profesores bíblicos” “maestros bíblicos” que están muy lejos de ser un maestro del bien y fiel seguidor del Señor Jesucristo.

El DISCIPULO

“Discípulo” es la traducción del vocablo griego (mayhthv, “madzitis” [2736] discípulo, seguidor), más relacionado a “aprendiz” (de mayanw “madzano” aprender), que es aquella práctica indicativa del pensamiento mejorado acompañado de esfuerzo por perfeccionarlo en la práctica, de allí que provienen las disciplinas o mal llamado “tradiciones”; En definitiva un aprendiz lo es por el hecho de practicar las enseñanzas que su maestro le brinda.
Entre las referencias bíblicas tenemos “discípulos de Juan” (Mt 9:14); “discípulos de los fariseos” (Mt 22:16); “discípulos de Moisés” (Jn 9:28), y obviamente del Señor Jesús previos “requisitos” (Jn 8:31; 13:35; 15:8)

La elección
El discipulado no es una elección humana, no depende del hombre, sino que es una elección del Señor, Él llama, Él forma, Él envía.

Juan 15
16No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 17Esto os mando: Que os améis unos a otros.

Requisitos básicos para ser discípulo del Señor Jesucristo y parámetros para reconocer a un discípulo del Señor Jesús:

Lucas 14
26Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Lucas 14
33Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Lucas 9
23Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. 24Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.

Juan 8
31Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

Juan 13
35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Juan 15
8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos

Para esta primera parte daremos ciertas referencias y solicitamos que se lea previamente las dos epístolas a Timoteo como también la epístola a Tito.

Como ya hemos mencionado anteriormente un discípulo es una persona seleccionada por el Señor Jesús dispuesto a pasar por el proceso de perfeccionamiento en el tiempo que tiene como fin “impregnar” todas las enseñanzas en la mente del cristiano para hacer de él un hombre seguidor del Señor y Maestro Jesús, al que se le reconoce por ser un “imitador” de Él, un hacedor de la Palabra (Stg 1:22; Heb 6:12; Ef 5:1; Flp 3:17)

Juan 17
8porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

Juan 17
14Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

1 Tesalonicenses 1
6Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo,

1 Corintios 11
1Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

El discipulado es necesario para adiestrar a todo siervo para la Obra Espiritual

2 Timoteo 3
17a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Recordando que:

Lucas 6
40El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.

El concepto Espiritual de “discípulo” encierra en sí a todas las preparaciones para los diferentes servicios que requiere la Iglesia, es decir que todo aquel que aspira a un servicio primero debe pasar por el discipulado y mientras puede colaborar o cooperar en ayuda a otros que están ministrando.

Todo discípulo tiene como objetivo servir y ser de edificación para la Iglesia, un discípulo no divide, sino que exhorta, no estorba, sino que acompaña. El discípulo no debe ser chismoso, ni murmurador, no debe ser hostigador, todo lo hace por amor soportándolo y tolerándolo todo por el buen desarrollo de la congregación.

Efesios 4
11Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

2 Corintios 1
11cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.
12Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros.

El discipulado en el Señor Jesús es sufrido, continuamente soportando pruebas para perfeccionar la obediencia.
El discípulo pasa por un proceso que modifica su carácter en lo social y espiritual, y esto se hace con oración y abundancia en la lectura y meditación de las Escrituras.
Entre los caracteres básicos podemos decir que un discípulo es humilde, sencillo, de buen testimonio, obediente, colaborador, lleno de conocimiento, lleno de fe, lleno de sabiduría, que para ser llamado a un servicio debe también cumplir los requisitos mencionados en las epístolas a Timoteo y Tito.

El discipulado comienza pero nunca termina

Para ser discípulo se requiere:

A lo largo del discipulado estudiaremos ciertas actitudes y requisitos que deben reflejarse humanamente y que ahora enumeramos a modo de referencia:

a)    Conducta, Dirección, Disciplina
a.    Adoptar una postura varonil como persona y como equipo (1 Co 16:13)
b.    Estar firme (1 Co 16:13)
c.    Ser esforzado
d.    Capacidad para Velar y perseverar en la oración (Mt 26:41)
b)    Entusiasmo y perseverancias (Stg 1:25-27; 2 Jn 9-11)
c)    Deseo de aprender (Pr 2:1-5; 23:12; 3:1-17)
d)    Amistad y lealtad (Jn 15:12-17; Lc 11:5-10; 22:24-27)
e)    Sujeción (Tit 2:1-15)
f)     Integridad y consagración (Mt 6:24; 6:33; 10:37-39; 16:24-25; 2 Ti 2:1-10; Ef 5:15-16)

El servicio gratuito y común de todo discípulo es:

Mateo 28
19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Mateo 10
7Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. 9No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; 10ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento. 11Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis.

Sabiendo que:

Mateo 10
40El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

El Ejemplo de Timoteo:
La leal compañía y la fiel colaboración de Timoteo fueron de gran ayuda en el ministerio del apóstol Pablo. A través de las Escrituras podemos ver como desde un primer momento se estableció entre ellos una relación, que jamás se rompió, una relación de confianza y amistad. De esa relación son testimonio fidedigno las repetidas menciones en el libro de los Hechos (Hch 17:14-15; 18:5; 19:22; 20:4) y Pablo mismo lo menciona 8 (ocho) veces en sus 12 (doce) cartas.

En contraposición a Timoteo tenemos el mal ejemplo de Marcos que abandonó el servicio dejando un vacío (Hch 15:38) que posteriormente provocó la ruptura entre la relación de Pablo y Bernabé (Hch 15:39).

Observación final

1 Timoteo 4
6Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.



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